Colón encontró en su identidad una fórmula que sí deja resultados. El Festival del Nopal, el Pulque y la Gordita no solo fue una vitrina cultural, fue un motor económico: más de 21 mil visitantes en tres días y una derrama de 16 millones de pesos. No es menor. En un contexto donde muchos eventos se quedan en la foto, aquí hubo consumo real, turismo activo y beneficios directos para productores y comerciantes.

Las cifras hablan solas: 45 mil gorditas vendidas, más de 7 mil litros de pulque consumidos y cientos de productos derivados del nopal colocados en el mercado. Tradición que no solo se conserva, sino que se vende, se posiciona y se vuelve experiencia. El festival no se quedó en lo local: atrajo visitantes nacionales e internacionales, confirmando que Colón empieza a jugar en otra liga turística.

El dato que termina de cerrar el círculo es el saldo blanco. Operativo funcionando, seguridad sin sobresaltos y logística que permitió que el impacto económico se extendiera a hoteles, comercios y espacios públicos. Aquí hay una lectura clara: cuando la tradición se organiza, se convierte en negocio. Y cuando el negocio incluye a la gente, entonces sí hablamos de desarrollo.