
En Amealco, cuando se dice “feria”, no se habla solo de música y antojitos. Este año, del 30 de abril al 5 de mayo, más de 70 mil personas respondieron al llamado del Pueblo Mágico queretano, dejando una derrama económica superior a los 20 millones de pesos, de acuerdo con el presidente municipal, Óscar Pérez Martínez. Y sí, el corazón de Amealco volvió a latir fuerte: la feria regresó al centro… a donde siempre ha pertenecido.
Detrás de los fuegos artificiales, los juegos mecánicos y las presentaciones gratuitas de grupos como Liberación y Yaguarú —que reunieron a más de 4 mil 500 personas en el jardín principal— hubo algo más: un reencuentro entre comunidad y tradición, entre familias locales y turistas que se hospedaron en San Juan del Río por la falta de oferta hotelera local. El déficit de hospedaje es real y urgente si Amealco quiere seguir creciendo turísticamente, pero el ánimo de la gente no se apagó.
Las cifras son solo una parte. Lo que importa es lo que no se ve tan fácil: la venta de artesanías, el pabellón gastronómico lleno de sabores locales, la exposición ganadera que da voz y espacio a los productores de la región, y los rostros de las niñas y niños que se subieron a los juegos o conocieron, por primera vez, una historia viva que lleva 487 años construyéndose.
Y aquí lo más importante: salvo detalles por mejorar, se logró algo difícil hoy en día —una feria que no divide, que no segrega, que suma. Porque en Amealco no se está hablando solo de pasado y tradición: se está gestando una feria con causa, que apuesta por la seguridad, la cultura, la economía local y la convivencia familiar. Ojalá se contagie.

