Los legisladores exhibieron sus diferencias: con 14 votos a favor y 11 en contra, el Congreso de Querétaro aprobó la reforma en materia de identidad de género en una sesión marcada por años de atraso, tensión política y presión social. Afuera del recinto, dos escenas convivieron al mismo tiempo: de un lado rezos, cantos religiosos y grupos provida; del otro, banderas, pancartas y respaldo a la comunidad LGBT+. Adentro se discutía una ley; afuera se mostraba el pulso real de una sociedad dividida.

El tema llevaba congelado desde 2017. Hubo iniciativas, mesas de trabajo, exhortos y llamados de la Defensoría de los Derechos Humanos. En junio de 2023 se reactivó la discusión sin resultados. En enero de 2025 volvió a presentarse junto con otra propuesta de Morena. Tuvieron que pasar casi nueve años para que el Congreso atendiera una demanda que en otros estados ya estaba resuelta.

La votación dejó una fotografía política interesante. Morena, PT, PVEM, MC y otros legisladores respaldaron el dictamen, pero también hubo giros inesperados. Sorprendió el voto en contra del diputado Guillermo Vega, quien en comisión había votado a favor. También llamaron la atención los votos en contra de Tere Calzada, de Movimiento Ciudadano, y Perla Flores, del Partido Verde, ambas firmantes de la iniciativa original. En política local, no siempre se vota lo que se firma ni se sostiene lo que se promete.

La celebración afuera contrastó con la incomodidad adentro. Lo aprobado no inventa identidades ni rompe familias: reconoce legalmente a personas que existen y merecen certeza jurídica. Lo que realmente quedó expuesto no fue una amenaza social, sino la volatilidad política de algunos representantes.