Porque Querétaro también vibra con cultura y sensibilidad, este mes arranca una nueva temporada de la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro (OFEQ), y con ella, la oportunidad de seguir apostando por lo que sí suma: el arte, la música y la conexión humana.

En tiempos donde los titulares suelen hablar de caos, corrupción y ruido, da gusto escribir sobre algo que realmente armoniza: la música clásica como puente entre generaciones, entre historias, entre emociones. Tres conciertos de alto nivel nos esperan en el Teatro Metropolitano, comenzando el 28 de agosto con obras de Mozart y Schubert, bajo la batuta del maestro Mark Kadin y con el pianista Santiago Piñeirúa como solista.

Pero esto no es solo para los melómanos de siempre. Aquí también hay espacio para la identidad y el orgullo: el segundo concierto, el 11 de septiembre, celebra la música mexicana con compositores nacionales y talentos locales como la violonchelista Anna Komusinski de Alba, y el tercero, el 25 de septiembre, nos conecta con lo virtuoso en estado puro: Paganini y Rachmaninov con el talento del violinista David Rivera.

Apostar por la música es también una forma de hacer política pública con corazón. Porque no hay armonía social sin acceso a la cultura. Que estas noches sinfónicas sean también un recordatorio de que Querétaro puede sonar bonito, si todos tocamos la misma nota.