
Por Rosalba D’Elia | NVQ
El día de hoy, la autopista México–Querétaro volvió a ser escenario de una tragedia que desnuda una realidad urgente: la fragilidad de nuestra infraestructura vial y la falta de regulación efectiva al transporte de carga pesada.
Un camión tipo rabón, de la empresa Sitjaso, perdió el control en la peligrosa bajada de la Cuesta China, quedándose sin frenos y embistiendo a 14 vehículos. El saldo es doloroso: un trabajador del Municipio de Querétaro murió en el lugar, tres personas fueron trasladadas a hospitales y once más recibieron atención en el sitio. La víctima mortal, un motociclista, se convirtió en el rostro humano de un problema que no es nuevo, pero que sigue cobrando vidas.
Bomberos de Querétaro, Protección Civil y paramédicos del CRUM realizaron maniobras para liberar a personas prensadas en dos autos y estabilizar a los heridos. La Guardia Nacional cerró la circulación y la Fiscalía del Estado inició la investigación correspondiente, mientras el conductor quedó asegurado.
Este no es un hecho aislado. La Cuesta China es un punto recurrente de accidentes, donde las fallas mecánicas y la falta de mantenimiento vehicular se convierten en una bomba de tiempo. La pregunta no puede seguir evadiéndose: ¿cuántas vidas más deben perderse para que se establezcan medidas más estrictas de seguridad vial y control al transporte de carga?
Hoy, la reflexión nos alcanza a todos: autoridades, empresas transportistas y ciudadanos. La seguridad en carretera no puede seguir dependiendo de la suerte, sino de decisiones responsables y políticas públicas que prioricen la vida por encima de la inercia económica.

