
Por Rosalba D’Elia | NVQ
En un país donde la mayoría de los legisladores apenas presentan entre 5 y 15 iniciativas, y logran que se aprueben en promedio solo tres, un dato llama la atención: Paul Ospital presentó 101 iniciativas y consiguió que 38 fueran aprobadas, de las cuales nueve se convirtieron en ley en este último año. En términos prácticos, no solo rompió récords, también cambió reglas que afectan directamente la vida de la gente.
Entre los avances, destacan leyes que reconocen derechos básicos y urgentes: recién nacidos que ahora pueden salir del hospital con acta de nacimiento en mano, padres que ya tienen derecho a decidir el orden de apellidos de sus hijas e hijos, y permisos de paternidad que pasarán gradualmente a 90 días para acompañar de verdad a la familia en los primeros momentos de vida. Acciones que parecen pequeñas, pero que tocan fibras muy profundas.
La agenda no se quedó ahí: educación STEAM en las escuelas públicas, estímulos fiscales para empresas que contraten jóvenes en su primera chamba, becas para universitarios a cambio del predial, y un paquete de leyes con perspectiva de género como la 3 de 3, la Ley Vicaría y la eliminación de terapias de conversión. También se aprobaron medidas en favor de la talla baja, de los cuidados y hasta la seguridad en predios baldíos.
“Cada iniciativa tiene una historia detrás”, dijo Ospital, y quizá ahí radica el punto: la política cobra sentido cuando deja de ser discurso y se convierte en solución. Hoy Querétaro tiene leyes que nacen de causas ciudadanas, no solo de agendas partidistas. Y ante una sociedad cansada y desconfiada, cabe preguntarnos: ¿qué pasaría si todos los representantes se midieran por resultados concretos y no por discursos vacíos? La respuesta está clara: más derechos, más justicia y más esperanza.

