Por Rosalba D’Elia | NVQ

Cuando los gobiernos entienden que las cifras no son solo estadísticas, sino vidas, el discurso se vuelve acción. En su Primer Informe de Gobierno, Héctor Magaña, alcalde de Tequisquiapan, presentó resultados que van más allá de la infraestructura: reflejan un enfoque en el desarrollo humano, en la dignidad y en el bienestar cotidiano de la gente.

Tequisquiapan tiene un Índice de Desarrollo Humano de 0.741, pero aún enfrenta realidades desafiantes: 43.2% de su población vive en pobreza moderada y 5% en pobreza extrema. Estas cifras no son ajenas, son rostros, nombres, familias. Por eso, la actual administración ha puesto la mirada en reducir las brechas desde la raíz: salud, educación, vivienda y equidad de género.

En un año, se rehabilitaron 7 Casas de Salud, beneficiando a 12 mil habitantes, y se garantizó atención médica, enfermería y nutricional en zonas donde antes no había. El DIF municipal reactivó el tanque de hidroterapia, brindando servicios a personas con discapacidad, mientras que la nueva ambulancia ha permitido más de 550 atenciones prehospitalarias gratuitas. En educación, el programa “Tod@s a la Escuela” ya transporta de forma gratuita a 443 estudiantes de comunidades alejadas, y la Preparatoria UAQ abrió sus puertas con los primeros 37 jóvenes listos para escribir su historia.

Pero quizá el cambio más profundo tiene rostro de mujer: con la creación de la Secretaría de la Mujer, más de 2,100 personas han sido sensibilizadas en derechos, 220 mujeres recibieron asesoría legal y 73 emprendieron proyectos de autonomía económica. Esto no solo mejora condiciones, rompe ciclos.

La reflexión es clara: cuando el desarrollo se mide no por obras visibles sino por vidas transformadas, el municipio crece en humanidad. Tequisquiapan avanza —quizá no con prisa, pero sí con propósito— hacia un modelo de gobierno donde el bienestar no sea privilegio, sino derecho.

El llamado es a sostener este rumbo: que cada acción pública tenga nombre, rostro y sentido social.