
Por Rosalba D’Elia | NVQ
Que un municipio acumule las más altas calificaciones de Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch no es solo un logro técnico: es una señal clara de que la ciudad apuesta por la credibilidad, la responsabilidad y la visión de largo plazo. Querétaro se convierte así en el primero del país en lograrlo, un distintivo que no se compra: se construye con finanzas sanas y gestión transparente.
Las cifras no son menores: según el secretario de Finanzas, 60 % de los ingresos del municipio provienen de recursos propios, mientras que entre el 40 % y 42 % corresponden a transferencias federales. Además, Fitch completó ese “esquema de calificación cruzada”, reforzando la confianza no solo en quién gobierna, sino en todo el ecosistema local: empresarios, inversionistas y ciudadanos pueden mirar con esperanza.
Pero detrás de las clasificaciones hay historias humanas: la emprendedora que decide instalar su taller en Querétaro porque los indicadores hablan de estabilidad; la startup que escoge esta ciudad para crecer porque las señales económicas son confiables; las familias que no quieren vivir en ciudades que promedian crisis financieras y buscan un lugar donde el dinero público no se diluya. Esta triple calificación construye no solo prestigio institucional, sino certeza para las vidas que desean prosperar.
Una calificación alta no lo es todo si no va acompañada de justicia social y servicios públicos que se sientan. Pero no deja de ser un paso ambicioso. Si Querétaro quiere seguir siendo ciudad de oportunidades, debe garantizar que esa confianza externa se traduzca en mejores calles, agua limpia, hospitales ágiles, parques seguros… en bienestar tangible para cada colonia.
Exijamos entonces, que esta calificación no sea solo un sello en papeles, sino una brújula para que el presupuesto público llegue con eficacia donde más importa. Querétaro merece que esta nueva página sea de prosperidad real para todas y todos.

