Por Rosalba D’Elia | NVQ

Las lluvias de los últimos días dejaron al descubierto una realidad que Querétaro conoce pero a veces olvida: la vulnerabilidad de su Sierra Gorda. El gobernador Mauricio Kuri recorrió Peñamiller, Pinal de Amoles y Jalpan para supervisar daños, escuchar a las familias afectadas y coordinar esfuerzos con dependencias estatales, la Guardia Nacional y la Sedena. Se reportan 109 comunidades incomunicadas, 195 sin energía eléctrica y un menor fallecido, además de 2,500 productores del campo con pérdidas considerables.

Kuri sostuvo comunicación directa con la presidenta Claudia Sheinbaum y mandatarios de otros estados para solicitar apoyo urgente, especialmente en la carretera federal 120, cuyo deterioro amenaza con aislar completamente a la zona. La prioridad, dijo, es restablecer caminos, energía y servicios básicos, además de habilitar un puente aéreo para acercar víveres y enseres a las comunidades más afectadas.

Más allá del recorrido, el llamado es claro: la sierra necesita continuidad, presupuesto y presencia constante. Los desastres naturales no distinguen colores partidistas ni cargos públicos. La solidaridad y la eficiencia deben reflejarse en las comunidades, no en los reflectores.

Hoy, más que nunca, Querétaro necesita mirar hacia su sierra con empatía y visión de largo plazo. Lo que se pierda por desatención no se reconstruye con discursos. La naturaleza no espera promesas: necesita acción.

Que la ayuda llegue donde más se necesita. Que la empatía no se vuelva temporada. Y que la política se mida en soluciones, no en aplausos.