
Por Rosalba D’Elia | NVQ
En un auditorio abarrotado, Felifer Macías presentó su proyecto “Una Mirada al Querétaro del Futuro”, donde anunció obras y programas que, sin duda, suenan ambiciosos: transporte eléctrico gratuito, la reactivación de QroBici, un teleférico entre la zona norte y el centro histórico, la creación de la Delegación Juriquilla y la cancelación del relleno sanitario concesionado.
Los anuncios entusiasman, sobre todo cuando se habla de ahorros por 40 millones de pesos al año o de mil millones de inversión en drenajes que tanta falta hacen tras las lluvias recientes. Pero también dejan una pregunta flotando: ¿estamos ante una nueva etapa de planeación o ante un gran montaje político con miras a la próxima elección? Porque en Querétaro, los informes y los eventos masivos se están volviendo más un escaparate que un ejercicio de rendición de cuentas.
Felifer Macías habló de movilidad sustentable, de bienestar animal, de cultura y de inclusión —temas necesarios y valiosos—, pero el fondo del mensaje fue claro: su administración busca marcar distancia del pasado y proyectar liderazgo hacia el futuro. Sin embargo, ese futuro solo será creíble si los proyectos se materializan en obras reales y no se quedan en promesas de escenario.
Hoy más que nunca Querétaro necesita gobiernos con visión, sí, pero también con sensibilidad. Obras que se traduzcan en bienestar tangible: calles seguras, drenajes funcionales, transporte digno y aire limpio. Que el “Querétaro del Futuro” no se quede en una buena frase de evento, sino que sea un presente con resultados medibles y ciudadanos que lo vivan.
Los políticos deben entender que el verdadero legado no se construye con luces, pantallas ni discursos, sino con decisiones firmes que cambian la vida diaria de la gente.
Que este proyecto no se quede en promesas. Que el Querétaro del futuro empiece hoy, pero con hechos.

