Por Rosalba D’Elia | NVQ

El avance del Tren México–Querétaro coloca a la entidad frente a una decisión crucial: crecer con orden o repetir los errores del pasado. Mientras el proyecto promete conectar a la región con la capital del país, colectivos ciudadanos advierten que sin planificación anticipada, transparencia y coordinación entre niveles de gobierno, el impacto podría ser más costoso que benéfico.

Las organizaciones firmantes exigen que se presenten los planes integrales de conexión urbana, aún inexistentes, y que la ubicación de las estaciones no afecte áreas naturales como el Parque Alcanfores. Piden también garantizar accesos seguros para peatones y ciclistas, evitando que los nuevos entornos dependan solo del automóvil, lo que aumentaría los riesgos viales y la desigualdad en la movilidad.

Además, reclaman claridad en la estrategia ambiental, ante la remoción de vegetación y obras de limpieza del derecho de vía. Proponen medidas de infraestructura verde y reforestación urbana para compensar los impactos ecológicos y fortalecer la resiliencia ambiental del área metropolitana.

Finalmente, los colectivos advierten que la llegada del tren traerá incrementos en el valor del suelo, por lo que urgen a crear instrumentos de gestión urbana y captura de plusvalías que permitan redistribuir beneficios y evitar la gentrificación. “El tren puede ser una oportunidad histórica para construir una movilidad más segura, equitativa y sostenible —pero eso solo será posible si se planifica antes de que las máquinas empiecen a pasar”, sostienen.