
Tras los recientes acontecimientos en Venezuela, el debate internacional se ha centrado no solo en el colapso democrático del régimen de Nicolás Maduro, documentado por años de elecciones cuestionadas, persecución política y una crisis humanitaria que provocó el éxodo de millones de personas, sino en el precedente que deja el uso de la fuerza militar por parte de otro Estado. Más allá del rechazo generalizado a una dictadura, especialistas y voces periodísticas han advertido que la normalización de ataques armados sin autorización internacional abre un escenario de alto riesgo para el orden global.
El derecho internacional establece límites claros al uso de la fuerza entre Estados, permitiéndolo únicamente en casos de autodefensa ante un ataque inminente o con la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU. Ninguna de estas condiciones se acreditó en este caso. En un contexto latinoamericano marcado por democracias frágiles y tensiones políticas, el mensaje que deja esta intervención trasciende a Venezuela y reaviva la preocupación sobre la legalidad, la estabilidad regional y las consecuencias que este tipo de acciones puede tener para otros países del continente.

