El Quinto Informe de Mauricio Kuri ya dejó de ser un documento entregado en el Congreso. A partir de este miércoles 23 de septiembre tendrá que pasar por el examen de las preguntas. La LXI Legislatura realizará durante tres días la glosa del informe, con 18 funcionarios del gabinete y organismos estatales, distribuidos en nueve bloques de comparecencias. Cada servidor público tendrá entre 30 y 40 minutos para exponer y después vendrá el momento que realmente importa: preguntas, respuestas y réplica.

Y aquí está el punto: una glosa no debería medirse por cuántos funcionarios hablaron, sino por cuántas respuestas concretas obtuvieron los ciudadanos. El Congreso ha anunciado que las comparecencias serán públicas y transmitidas en vivo, además de un micrositio para concentrar la información de los tres Poderes. Eso permite algo que pocas veces hacemos: dejar de consumir el informe como propaganda de resultados y utilizarlo como documento para contrastar lo que se presume con lo que ocurre en la calle.

Hay temas que, por sí mismos, ameritan atención. El miércoles comparecerán, entre otros, Educación y Cultura, así como Obras Públicas y Contraloría. El jueves llegan dos áreas que se incorporan a la glosa en esta ocasión: la Comisión Estatal de Aguas y la Agencia de Movilidad. Y el viernes tocará el turno a Gobierno y Seguridad, además de Salud y Desarrollo Social. Agua, movilidad, seguridad, obra pública y servicios: justamente los temas que no se quedan en un escritorio, sino que terminan en el recibo, el traslado, la calle, la escuela o la colonia.

La propia Mesa Directiva pidió que el ejercicio se concentre en los resultados del quinto informe y que exista respeto institucional. Bien. Pero el respeto institucional no significa preguntas cómodas. La Constitución estatal reconoce entre las facultades del Legislativo la de citar a comparecer a servidores públicos. Por eso, la verdadera rendición de cuentas empieza cuando una cifra tiene que explicar cómo se obtuvo, cuánto costó, qué se hizo, qué falta y cuándo se va a resolver.

Y hay una coincidencia que vale la pena subrayar: mientras el Congreso presume pluralidad y capacidad de acuerdo entre las fuerzas políticas, la ciudadanía tiene derecho a exigir que esa pluralidad también se vea en el cuestionamiento. Porque ponerse de acuerdo para conducir una Mesa Directiva puede ser un ejercicio institucional; ponerse de acuerdo para no dejar una respuesta en el aire sería otra cosa.

Del 23 al 25 de septiembre habrá micrófonos abiertos y cámaras encendidas. Ahora toca mirar algo más importante que el protocolo: qué preguntan los diputados, qué responden los funcionarios y qué compromisos quedan sobre la mesa. Ahí estará la verdadera glosa.

Porque rendir cuentas no es volver a leer el informe. Es permitir que las cifras sean cuestionadas.