
La decisión de abrir temporalmente a los automóviles particulares el carril confinado de Qrobus, a la altura de Milenio, provocó este viernes la protesta de organizaciones de la sociedad civil como Pedaleanda, Saca la Bici, Un Altavoz y Coalición QM21. Los colectivos no bloquearon totalmente la circulación; su reclamo fue hacer visible lo que consideran una decisión que prioriza al automóvil particular sobre quienes se trasladan en transporte público, a pie o en bicicleta.
La medida forma parte del operativo implementado por las afectaciones de las obras en la carretera 57. La Agencia de Movilidad sostiene que el esquema ha permitido reducir los tiempos de traslado: reportó que el recorrido entre El Mirador y la Universidad Cuauhtémoc pasó de 14 a 7 minutos para automovilistas y de 24 a 12 minutos para usuarios de transporte público.
Pero la discusión que plantean los colectivos es otra: si todos necesitan llegar a tiempo, ¿por qué la respuesta ante la saturación vial debe abrir un espacio exclusivo del transporte público a los autos particulares? El debate pone sobre la mesa algo más profundo que el tráfico de estos días: qué movilidad se está priorizando cuando la ciudad entra en una contingencia vial y cómo se garantiza que peatones, ciclistas y usuarios del transporte público no terminen pagando el costo de una solución pensada principalmente para desahogar automóviles.
Porque resolver el tráfico no solamente significa hacer que circulen más autos. También implica preguntarse quiénes se están moviendo, cómo se mueven y qué tan justo es distribuir el espacio público cuando la ciudad está bajo presión.

