
La presión ciudadana consiguió lo que hace apenas unas semanas parecía improbable: el Ayuntamiento de Querétaro revocó por unanimidad el acuerdo que autorizaba la venta y posterior subasta de 12 predios municipales. Con esta decisión, los terrenos regresarán al régimen de dominio público y quedarán sin efectos todas las autorizaciones derivadas del acuerdo aprobado el pasado 26 de mayo.
El gobierno municipal atribuyó la decisión a las mesas de diálogo encabezadas por el alcalde Felifer Macías con vecinos, especialistas y colectivos ciudadanos. El discurso oficial habla de Gobierno Abierto, transparencia y participación ciudadana. En los hechos, representa un giro político relevante: pocas veces un Cabildo revierte una decisión de este tamaño después de una movilización ciudadana organizada.
Sin embargo, para los colectivos ambientalistas y ciudadanos el tema no terminó este día. Celebran que la subasta haya sido cancelada, pero advierten que no debe confundirse una sesión extraordinaria virtual con un verdadero ejercicio de participación pública. Recuerdan que la solicitud de Cabildo Abierto sigue vigente y que el secretario del Ayuntamiento tiene hasta el 16 de julio para emitir una respuesta formal, conforme al Reglamento de Participación Ciudadana. Insisten en que el objetivo ya no es únicamente evitar la venta de estos predios, sino construir reglas claras para impedir que el patrimonio municipal vuelva a ponerse en venta cuando existan presiones financieras.
El fondo del conflicto nunca fueron únicamente 12 terrenos. La discusión abrió una pregunta mucho más profunda sobre el modelo de ciudad que Querétaro quiere construir. ¿Los espacios públicos son una reserva económica para enfrentar problemas presupuestales o un patrimonio colectivo que debe preservarse para parques, escuelas, áreas verdes y equipamiento urbano? Esa conversación apenas comienza.
La revocación representa una victoria para la participación ciudadana, pero también deja una lección institucional: escuchar a la ciudadanía después de una protesta no sustituye los mecanismos permanentes de diálogo. Si el Gobierno Abierto quiere convertirse en una política pública y no solo en un discurso, el siguiente paso deberá ser sentar a ciudadanía, especialistas y autoridades en la misma mesa. Porque una ciudad no se construye desde un escritorio; se construye con gobernanza, corresponsabilidad y participación.

