El quinto informe de gobierno de Mauricio Kuri ya está en manos de la LXI Legislatura. El documento fue entregado por el secretario de Gobierno, Eric Gudiño, porque el gobernador decidió llevar su informe a territorio, mientras el Congreso cumplió con la recepción formal. Y aquí está el punto: el informe no es el final de la rendición de cuentas; es apenas el comienzo de la revisión política y legislativa. La Constitución local establece que el Ejecutivo debe informar a la Legislatura sobre el estado que guarda la administración pública.

El presidente de la Mesa Directiva, Sinuhé Piedragil, puso el balón donde corresponde: habrá que analizar resultados, formular preguntas y, en su caso, señalar qué debe corregirse. En el Pleno, sin embargo, aparecieron dos Querétaros. El PAN defendió indicadores de seguridad, inversión y movilidad; Morena y Verde pusieron sobre la mesa el costo de obras, agua, servicios, comunicación gubernamental y atención a grupos vulnerables. Movimiento Ciudadano pidió acuerdos y el PRI optó por algo más prudente: primero revisar y después calificar.

Y los números ayudan a bajar el discurso a tierra. En infraestructura, el propio gobierno reporta que Paseo 5 de Febrero renovó 5.7 kilómetros de vialidad. La oposición cuestiona el costo de esa obra y plantea pendientes en agua y servicios; el oficialismo responde con inversión, seguridad, transporte y atracción de capital.

Y aquí está la reflexión: un informe de gobierno no debería convertirse ni en propaganda ni en una lista de reproches partidistas. La verdadera rendición de cuentas empieza cuando alguien toma cada cifra, la contrasta y pregunta: ¿qué cambió realmente en la vida de la gente? Porque el éxito de un gobierno no se mide por cuántos espectaculares tiene su informe, pero tampoco por cuántas críticas caben en un posicionamiento. Se mide cuando los datos resisten la revisión y cuando los pendientes dejan de ser discurso para convertirse en soluciones.