
El debate por la pirotecnia en los festejos de Los Arcos dejó de ser un tema ambiental o animalista para convertirse en un problema de credibilidad pública. El alcalde Felifer Macías aseguró que los colectivos estaban enterados del espectáculo y negó que se les hubiera prometido cancelar el uso de fuegos artificiales. Sin embargo, salió a la luz un video donde funcionarios municipales afirmaban lo contrario: “no se tiene considerado el uso de la pirotecnia”.
La evidencia complica la narrativa oficial. En la reunión participaron activistas, vecinos de la zona de Los Arcos y representantes de organizaciones como Seres Libres, quienes entregaron firmas para frenar el evento y cuestionaron la incongruencia de impulsar leyes de protección animal mientras se avalan espectáculos que, según abundante literatura científica, generan estrés, ansiedad, desorientación y lesiones en fauna doméstica y silvestre. Diversos estudios veterinarios en Europa y América Latina documentan que el ruido intenso afecta especialmente a perros, aves y gatos.
Aquí no basta con decir que “no hubo reportes”. Muchas afectaciones no se denuncian, no se registran oficialmente o se manifiestan horas después. Tampoco basta con afirmar que todos sabían. Si días antes funcionarios decían que no estaba contemplada la pirotecnia, entonces la pregunta no es menor: ¿hubo cambio de decisión de última hora o alguien mintió?
Gobernar exige algo simple: claridad. Cuando una autoridad responde con evasivas a una pregunta binaria —¿sí o no habrá pirotecnia?— lo que estalla no es solo la pólvora, sino la confianza ciudadana. Y esa sí tarda mucho más en apagarse.

