Agosto es el mes de las personas mayores, pero ¿basta con reconocerlas durante un mes?

En su videocolumna para Niestra Voz Querétaro, Walter López pone sobre la mesa una realidad que suele permanecer fuera de los discursos oficiales: las condiciones en las que envejecen miles de personas en Querétaro.

“Envejecer se ha vuelto un acto de resistencia silenciosa”, plantea.

El primer problema que identifica es la soledad, que no necesariamente significa vivir sin compañía. También puede significar sentirse invisible dentro de la propia familia: cuando se decide por una persona mayor sin consultarla, se le infantiliza o se le hace sentir que ya no puede tomar decisiones sobre su propia vida.

Esta situación puede agravarse cuando se trata de mujeres mayores, personas indígenas, personas con discapacidad o integrantes de la diversidad sexual, quienes pueden enfrentar distintas formas de discriminación de manera simultánea.

El segundo problema es el abandono, tanto familiar como institucional. López cuestiona que el cuidado continúe considerándose principalmente un asunto privado que debe resolver la familia, particularmente las mujeres, sin remuneración, descanso ni respaldo suficiente.

“Eso no es tradición, es precariedad disfrazada de amor”, sostiene.

El tercer problema es quizá el más doloroso: hacer sentir a las personas mayores que son una carga.

Cuando una persona comienza a pedir perdón por enfermarse, necesitar cuidados, ocupar espacio o requerir apoyo económico, explica López, se abre la puerta a distintas formas de violencia: económica, patrimonial, psicológica e incluso sexual, una problemática que permanece prácticamente invisibilizada cuando se trata de personas mayores.

Frente a este escenario, el Frente Queretano propone tres rutas para este mes:

  1. Reconocer que no todas las personas envejecen de la misma manera, mediante políticas públicas con enfoque interseccional.
  2. Impulsar un sistema estatal de cuidados laico, universal y sin discriminación, que atienda tanto a quienes necesitan cuidados como a quienes realizan esas labores.
  3. Tipificar y sancionar la discriminación por edad, para evitar que una persona sea excluida de un empleo, crédito, vivienda o tratamiento médico simplemente por tener más de 60 años.

Para López, hablar del Estado laico también implica hablar de cuidados. No se trata de estar en contra de las creencias religiosas, sino de exigir que el acceso a los cuidados y a los derechos dependa de políticas públicas, presupuesto y servicios profesionales, y no exclusivamente de la buena voluntad de las familias o de instituciones religiosas.

“Si tenemos suerte, todas y todos vamos para allá”, recuerda.

Por ello, plantea una pregunta que trasciende la conmemoración de agosto:

¿Cómo queremos que nos traten cuando lleguemos a nuestra propia vejez?