
Querétaro quiere dejar de vender sus Pueblos Mágicos como destinos aislados y empezar a operar como una sola oferta turística. La apuesta se puso sobre la mesa en Amealco, durante la Tercera Reunión de Trabajo 2026, donde la Secretaría de Turismo reunió a representantes de los siete Pueblos Mágicos, el Barrio Mágico San Francisco Anbanica, comités ciudadanos y cadenas productivas. La idea suena lógica: que Amealco, Bernal, Cadereyta, Jalpan, Pinal de Amoles, San Joaquín y Tequisquiapan no compitan entre sí, sino que se complementen.
Y hay razones económicas para tomarlo en serio. El propio Gobierno de Querétaro reporta que durante la actual administración cerca de 23 millones de turistas han visitado el estado y que se han incorporado 54 proyectos a la oferta turística mediante inversión público-privada. Además, se han destinado 78 millones de pesos a promoción, con más de mil millones de impactos publicitarios. El reto, entonces, ya no parece ser solamente atraer visitantes. Es lograr que ese flujo se traduzca en consumo local, empleo, mejores servicios y oportunidades para artesanos, productores, restauranteros y comunidades.
El siguiente escaparate será el Tianguis Nacional de Pueblos Mágicos 2026, que se realizará en Tampico del 26 al 29 de noviembre y reunirá a los 177 Pueblos Mágicos del país. La edición anterior, realizada en Hidalgo, registró 62 mil 941 asistentes, 12 mil 130 citas de negocios y una derrama económica de 67.6 millones de pesos. Para Querétaro, llegar con una estrategia conjunta puede significar mucho más que llevar siete stands bonitos: puede ser la oportunidad de vender rutas, experiencias y productos que conecten territorios.
Pero aquí está la parte que pocas veces aparece en el discurso turístico: la magia no puede quedarse en la fotografía del visitante. Si un Pueblo Mágico recibe turistas pero sus artesanos no venden más, sus jóvenes siguen emigrando, sus servicios no mejoran o su patrimonio se deteriora, algo está fallando. La coordinación anunciada entre municipios, comités ciudadanos y cadenas productivas será útil sólo si permite que quienes viven en estos destinos tengan voz real en las decisiones y también reciban una parte tangible de los beneficios.
Porque un Pueblo Mágico no debería ser únicamente un lugar al que llega el turista. Debería ser un lugar donde también pueda vivir mejor la gente que lo hace mágico.

