Por Rosalba D’Elia | NVQ

En la LXI Legislatura del Estado se aprobó una declaratoria que pone en alto algo más que un platillo: las carnitas de Santa Rosa Jáuregui ya son Patrimonio Cultural Gastronómico del Estado de Querétaro. Este reconocimiento celebra el trabajo de familias y carniceros que, generación tras generación, han convertido este sabor en un sello de identidad queretana, y en un motor económico vinculado al turismo local.

Pero no fue una decisión unánime. El diputado Ulises Gómez de la Rosa criticó desde tribuna: lo que el pueblo de Santa Rosa necesita no son reconocimientos simbólicos, sino agua, drenaje, caminos, seguridad y regulación de la tierra. Con razón —en un entorno donde la política a veces vive del pan y circo— levantar esa voz junto a la comunidad merece respeto.

Este debate pone sobre la mesa una pregunta poderosa: ¿de qué sirve un título si no viene acompañado de mejoras tangibles en la calidad de vida? Por supuesto que las carnitas son patrimonio cultural y merecen respeto; pero luego del aplauso, debe llegar la política que realmente resuelve, con agua limpia, calles transitables y justicia social para quienes hoy luchan por ser escuchados.

El verdadero valor de estos reconocimientos no está en las declaraciones de identidad, sino en el compromiso que les sigue: que en Santa Rosa —y en todo Querétaro— cada persona pueda vivir con dignidad, más allá del aroma del cazo.