Por Rosalba D’Elia | NVQ

Mientras buena parte del país sigue tratando la protección animal como un asunto secundario o meramente simbólico, en El Marqués ocurre algo distinto: el trabajo local del Instituto Municipal de Protección Animal (IMPA) ya cruzó fronteras y fue reconocido en un espacio internacional de alto nivel.

El IMPA participó en el Primer Encuentro Internacional de Ciudades por la Fauna Doméstica, realizado en Bogotá, Colombia, un foro que reunió a más de 350 representantes de América Latina y Europa, entre gobiernos locales, organizaciones civiles, academia y ciudadanía. No fue un evento protocolario: fue un espacio de discusión técnica, política y ética sobre cómo las ciudades pueden —y deben— transformar su relación con los animales.

Durante el encuentro, organizado por el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) con el respaldo de la Fundación Franz Weber, El Marqués no acudió a escuchar, sino a compartir experiencia. El IMPA participó en una conferencia enfocada en el fortalecimiento de la protección animal desde los gobiernos locales, exponiendo estrategias que hoy colocan al municipio en la conversación internacional sobre ciudades más solidarias y responsables.

El dato no es menor: además de integrarse a DOMÉSTICA, una red internacional de intercambio de buenas prácticas, el IMPA firmó un memorándum de entendimiento con el IDPYBA, una de las instituciones más sólidas en bienestar animal en América Latina. Eso implica transferencia de conocimiento, metodologías y estándares éticos que, bien aprovechados, impactan directamente en refugios, adopciones, atención veterinaria y políticas públicas locales.

Aquí la reflexión es inevitable: cuando una política pública se construye con visión, profesionalismo y sensibilidad, sus beneficios no se quedan en los escritorios ni en los discursos; se reflejan en comunidades más empáticas, en entornos más ordenados y en una convivencia más armónica. El bienestar animal no es una moda: es un indicador de humanidad institucional.

El llamado es claro; que este reconocimiento internacional no se quede como anécdota, sino que se traduzca en más apoyo ciudadano, más vigilancia social y más exigencia para que otros municipios entiendan que proteger a los animales también es gobernar bien.