Cuando se construyen puentes —o vías férreas— que acercan a las personas y generan desarrollo, ganamos todos. Así quedó claro con el arranque de las obras del tren México-Querétaro, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Mauricio Kuri, en la comunidad de Quintanares, municipio de Pedro Escobedo.

El proyecto, que promete conectar Querétaro con la Ciudad de México en apenas dos horas, no solo representa infraestructura moderna; simboliza una apuesta por la movilidad sostenible, el empleo y el fortalecimiento económico de nuestro estado y del país. Con paraderos estratégicos y conexión con transporte público como el Qrobús, se busca que este tren no sea un lujo, sino una herramienta de acceso para todos.

En un Querétaro donde cada vez más voces demandan alternativas reales de transporte y más oportunidades laborales, este proyecto parece entender que el desarrollo no debe ser privilegio, sino derecho. Más de 600 mil empleos directos e indirectos se generarán durante su construcción, fortaleciendo el tejido económico local.

Claro que la tarea no termina en el arranque: será crucial vigilar que la obra avance con transparencia, que respete los tiempos y que su impacto sea realmente incluyente. Apostarle a la movilidad y al empleo es apostarle a la paz social y a la armonía que Querétaro merece. Y en eso, no hay medias tintas: o se suma, o se estorba. Aquí celebramos todo lo que sume.