A partir del 11 de julio comenzará la estrategia vial más grande que ha implementado la Agencia de Movilidad del Estado de Querétaro (AMEQ). No es un operativo cualquiera: está diseñado para enfrentar las obras del Tren México–Querétaro sobre el puente de Bernardo Quintana, por donde diariamente circulan cerca de 150 mil vehículos. La autoridad reconoce que habrá complicaciones, pero apuesta a reducir el impacto con una operación inédita en la zona metropolitana.

La estrategia contempla dos etapas. Primero habrá ajustes de carriles y contraflujos desde Plaza del Parque hacia Los Arcos; posteriormente, a partir del 30 de julio, se ampliará el esquema con dos carriles de contraflujo y nuevas incorporaciones para mantener la circulación. En total participarán 166 auxiliares viales, 25 cruceros operarán con semáforos en destello, se habilitarán 160 puntos de señalización, además de una grúa y una pipa permanentes para atender cualquier incidente.

Pero la noticia no es solo que habrá tráfico. La diferencia es que, por primera vez, el gobierno buscará administrar la movilidad en tiempo real. Las rutas del Qrobús no cambiarán, se restringirá el paso al transporte de carga y de personal privado, se promoverá el trabajo desde casa en dependencias estatales y municipales, y la ciudadanía podrá monitorear el flujo vehicular mediante cámaras y drones en la plataforma ameq.live, además de recibir orientación en las líneas 070 y *8800.

Lo que viene no será sencillo. El propio alcalde Felifer Macías advirtió que colonias como El Refugio, Álamos, Arboledas, Bosques del Acueducto, Loma Dorada, Zibatá, Zakia, La Pradera y Centro Sur resentirán las afectaciones. La obra iniciará formalmente el 13 de julio y concluirá el 30 de agosto, con trabajos las 24 horas del día. El reto ya no es preguntarse si habrá tráfico; el verdadero desafío será decidir cómo moverse para perder el menor tiempo posible.