Las lluvias dejaron una primera radiografía de la infraestructura hidráulica de Corregidora. Hasta ahora, el gobierno municipal reporta alrededor de 30 viviendas afectadas, aunque solo dos registraron daños graves y recurrieron al seguro por pago puntual del predial. La cifra podría parecer baja frente a otros municipios, pero revela una realidad que cada temporada de lluvias se repite: el agua sigue poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y la resistencia de una infraestructura que, en muchos casos, fue construida para un Querétaro mucho más pequeño.

El alcalde Chepe Guerrero sostiene que el socavón registrado en el municipio fue consecuencia del colapso de un dren construido hace varios años que recibió un volumen extraordinario de agua y el impacto de rocas arrastradas por la corriente. La reparación avanza junto con la Secretaría de Obras Públicas del Estado, mientras otro punto crítico ya es atendido sobre la vialidad Francisco Galilei. El mensaje es claro: el problema no terminó con tapar un hoyo; la revisión de la red pluvial apenas comienza.

Por eso el recorrido del presidente municipal por los cárcamos de Pueblo Nuevo, La Negreta y Villas del Roble tiene una lectura más amplia que una simple supervisión de obra. El mantenimiento preventivo, el desazolve y el monitoreo permanente son indispensables cuando el cambio climático está haciendo más intensas y concentradas las lluvias. La prevención dejó de ser un discurso para convertirse en una obligación de gobierno.

La reflexión de fondo va más allá de Corregidora. Cada peso invertido en infraestructura hidráulica evita pérdidas patrimoniales, cierres viales y riesgos para las familias. Pero también obliga a preguntarnos si las ciudades están creciendo al mismo ritmo que sus sistemas de drenaje. Porque las lluvias ya no son una sorpresa; lo que sigue sorprendiendo es que, año tras año, la infraestructura continúe reaccionando en lugar de anticiparse.