
Lo que se vivió en Tequisquiapan no fue solo un festival. Fue un reencuentro. Una fiesta colectiva, un respiro para comerciantes, artistas, familias, visitantes y anfitriones. El Primer Festival Internacional del Arte, Queso y Vino 2025 (FIAQV) no solo rompió récords con más de 200 mil asistentes en 18 días. También rompió con la lógica de lo exclusivo y lo privado. Aquí lo público volvió a tener alma. Y sabor.
La música resonó, sí, pero más fuerte lo hizo el mensaje: la cultura no tiene por qué ser elitista, ni el arte debe ser privilegio. Desde el Ballet Folklórico de Amalia Hernández, hasta la energía de Kinky, pasando por las propuestas internacionales y locales que brillaron sin miedo. El FIAQV no dejó fuera a nadie. Todos bailaron, comieron, brindaron y se sintieron parte.
Y eso tiene mérito: que un festival crezca sin desvirtuarse. Que no se vuelva negocio de unos cuantos. Que no se olvide de quién es, ni a quién pertenece. Porque cuando las cosas se hacen con el pueblo y para el pueblo, el resultado se siente en la piel. Tequis se volvió escenario, abrazo, memoria viva. Y así debe seguir siendo.
El reto es no soltar lo logrado. Porque cuando la cultura es compartida, también transforma. Fortalece economías, une generaciones y reconstruye el tejido que a veces parece desgastado. Hoy Tequis no solo festeja un cierre exitoso. Festeja que la fiesta fue de todas y todos. Y que así se quede.

