
Por Rosalba D’Elia | NVQ
FOTOS: INTERNET
La historia oficial dice que el problema del ambulantaje no es nuevo, a finales de los noventa el gobierno municipal de Querétaro, encabezado por Francisco Garrido Patrón (1997–2000), logró “poner orden” en el comercio ambulante. Pero una revisión hemerográfica, entrevistas y documentos municipales muestran una realidad más matizada: sí hubo un intento fuerte de reordenamiento, sí hubo negociaciones y acuerdos… pero no se erradicó el ambulantaje y, de hecho, las tensiones siguieron vivas durante las siguientes décadas. Es decir, lo que hoy vemos en las calles del centro histórico. No es novedad. https://tribunadequeretaro.com/wp-content/uploads/2018/03/tribuna_796.pdf?utm_source=chatgpt.com
El escenario: un Centro Histórico saturado
A finales de los noventa el Centro Histórico vivía una presión creciente: los comerciantes ambulantes ocupaban las calles, andadores y accesos a la emblemática, Alameda Hidalgo. El comercio formal desde entonces reportaba pérdidas de al menos 20% de sus ventas y exigía al Ayuntamiento recuperar los espacios. Los vendedores sin permiso pedían reconocimiento y un espacio seguro para trabajar.
Los comerciantes establecidos en entrevistas en medios de comunicación aseguraban que el centro histórico y la Alameda eran un caos; y desde entonces han acusado de competencia desleal permitir ocupar las calles para el comercio cuando ellos pagan renta y servicios; y sus negocios habían estado invadidos en sus accesos por los ambulantes.

La estrategia Garrido: negociación + reubicación + “carritos metálicos”
Documentos del Programa de Reordenamiento del Comercio en Vía Pública (1999–2000) muestran que la administración de Garrido Patrón impulsó mesas de trabajo con líderes de ambulantes, comerciantes establecidos y autoridades de regulación. https://tribunadequeretaro.com/informacion/comercio-ambulante-30-anos-sin-soluciones-3/

Las propuestas incluyeron:
Reubicar ambulantes en una zona controlada alrededor de la Alameda Hidalgo.
Otorgarles “carros metálicos” uniformados y numerados.
Crear un padrón, con horarios y reglas de operación.
La negociación clave
De acuerdo con notas recuperadas, la negociación se centró en que:
El Ayuntamiento ofrecía un espacio fijo, seguro y regulado.
Los ambulantes aceptaban dejar calles del Centro Histórico.
A cambio, se reconocía su derecho a vender, con permiso.
En testimonios más recientes, los vendedores artesanales que participaron en las mesas han asegurado que la negociación era tajante: o aceptaban irse a la Alameda, o no habría opciones, y para muchos de ellos, esos “carritos” significaban el sustento de su familia.

Las presiones se presentaban de todos lados: comerciantes establecidos pedían mano dura, y los ambulantes pedían certeza jurídica; hoy, siguen esas mismas condiciones, más: las redes sociales: que acusan, juzgan, señalan, opinan, interpretan videos.
El resultado: orden momentáneo, conflicto persistente
El gobierno de Garrido instaló 358 carritos metálicos alrededor de la Alameda Hidalgo.
El acuerdo se cumplió parcialmente:
Una parte del ambulantaje fue reubicado.
Se liberaron algunas zonas del Centro Histórico.
Sin embargo, muchos vendedores quedaron fuera del acuerdo o no aceptaron las condiciones.
El orden se logró solo en ciertas áreas y solo por algunos años.
Años después: los conflictos demuestran que no fue una conclusión definitiva.
La evidencia más clara de que el ambulantaje no desapareció son los conflictos posteriores:
· El gobierno municipal retiró los carritos metálicos décadas después.
· Los ambulantes presentaron amparos.
· Un juzgado ordenó la reinstalación de varios puestos.
Lo que muestra claramente que no hubo una solución definitiva al problema del ambulantaje, sino solo un reordenamiento. https://aldialogo.mx/queretaro/2019/04/11/definitivo-los-comerciantes-no-volveran-a-la-alameda-hidalgo?utm_source=chatgpt.com

30 años de intentos: una historia sin solución
El análisis publicado por Tribuna de Querétaro a que hicimos mención, sintetiza tres décadas de esfuerzos y fricciones:
“El ambulantaje en Querétaro ha pasado por reubicaciones, desalojos, acuerdos y rupturas. Ninguna administración ha podido ofrecer una solución permanente”.
El reordenamiento durante la gestión de Garrido fue uno de los más visibles, pero también uno de los que dejó huella en el conflicto que siguió.
El gobierno municipal de Francisco Garrido no acabó con los ambulantes.
Lo que sí hizo fue:
· Impulsar el primer gran reordenamiento moderno del ambulantaje en Querétaro.
Lograr una negociación formal y documentada con ciertos grupos.
Implementar un sistema de reubicación regulada, con los famosos carritos metálicos.
Pero la medida no resolvió el problema estructural, y años después los propios ambulantes recuerdan que la promesa central —“dar certeza”— no se cumplió del todo.
Años más tarde, se propuso realizar un censo para implementar programas y estrategias para acabar con la economía informal y evitar prácticas desleales contra el comercio establecido. https://www.eleconomista.com.mx/el-empresario/Plenean-censo-de-ambulantes-en-Queretaro-20110830-0179.html
El ambulantaje en Querétaro sigue siendo, hasta hoy, un conflicto vivo entre la necesidad económica, el uso del espacio público y la voluntad política. https://tribunadequeretaro.com/informacion/ambulantaje-artesanos-comerciantes-y-gobierno-conflicto-sin-fin/
Hoy, más de dos décadas después de aquel modelo de negociación que permitió ordenar el centro histórico y la Alameda, el ambulantaje vuelve a ser un frente abierto. Y aunque el actual gobierno municipal llegó anunciando su Plan Orden como la estrategia definitiva para recuperar el Centro Histórico, lo que hemos visto desde entonces son escenas de confrontación, forcejeos, empujones, gas, golpes y patrullas rodeadas por mujeres indígenas y artesanos que reclaman un espacio para vender.https://municipiodequeretaro.gob.mx/municipio-de-queretaro-arranca-operativo-centro-historico/?utm_source=chatgpt.com
Son imágenes que no abonan a la solución: exhiben una clara falta de capacidad de diálogo, fracturan la confianza y alimentan un clima donde cada actor interpreta el conflicto desde trincheras digitales, memes, videos editados, comentarios polarizados y lecturas parciales en redes sociales. El espacio público se vuelve campo de batalla y el debate: territorio de rumores.

Tampoco ayuda la narrativa oficial. En sus comunicados, el municipio insiste en enlistar “inspectores lesionados”, daños a vehículos institucionales y agresiones a personal; pero omite por completo las afectaciones físicas y materiales que sufren también los comerciantes informales. Muchos de ellos son artesanos, mujeres indígenas, familias enteras que —aunque operan fuera de la ley— son constantemente utilizadas por líderes políticos y partidistas para levantar banderas de causa social que poco tienen que ver con su realidad económica.
Ese vacío de sensibilidad institucional, sumado al uso político de los vendedores y a una estrategia que privilegia el operativo sobre la negociación, nos regresa al punto más incómodo de este conflicto: el ambulantaje no se destruye ni se desaloja; se comprende, se dialoga y se regula. Cualquier otra ruta está condenada a repetir la misma historia —solo que cada vez más violenta, más polarizada y más alejada de una verdadera solución


