Por Rosalba D’Elia | NVQ

El eco de los pasos de cientos de estudiantes de Medicina de la Universidad Autónoma de Querétaro volvió a llenar esta mañana las calles de la capital. Marcharon desde su facultad hasta el antiguo Hospital General para exigir lo que consideran justo: que el edificio, símbolo de una época en la salud pública del estado, sea donado a la universidad y convertido en un hospital-escuela. La propuesta tiene fondo y forma: formar médicos desde la práctica y devolverle vida a un inmueble que, pese al deterioro, sigue teniendo un significado profundo para Querétaro.

Sin embargo, el gobierno estatal ha sido claro. El gobernador Mauricio Kuri confirmó que el hospital será demolido, no por decisión política, sino por seguridad estructural. Y es que Protección Civil determinó que el inmueble ya no puede sostenerse más; está dañado, es peligroso y su rehabilitación costaría más que construir uno nuevo.

Las palabras del mandatario fueron tajantes: “no es que yo quiera, pero tiene que demolerse porque estructuralmente ya no sirve”. El argumento técnico parece sólido, pero la herida simbólica que deja esta decisión no será fácil de cerrar.

El hospital viejo representa más que concreto y paredes: fue el espacio donde miles de queretanos fueron atendidos, donde generaciones de médicos dieron sus primeros pasos, donde se tejieron historias de esperanza y de pérdida. La exigencia universitaria no es solo una demanda patrimonial, es una defensa del valor social de los espacios públicos. En un Querétaro que crece y se moderniza a ritmo acelerado, conservar parte de su identidad debería ser prioridad.

La reflexión queda abierta: ¿podemos avanzar sin olvidar? Demoler puede ser necesario, pero olvidar sería imperdonable. Ojalá que el terreno donde hoy se yergue un edificio deteriorado se convierta mañana en un nuevo espacio para la salud, la enseñanza y la memoria colectiva. Es momento de que el gobierno y la UAQ dialoguen con visión de futuro, no desde la pérdida, sino desde la reconstrucción de lo que Querétaro significa para su gente.