
Por Rosalba D’Elia | NVQ
Esta semana, los diputados de Morena en la LXI Legislatura de Querétaro presentaron una moción de pérdida de confianza contra el presidente de la Mesa Directiva, Luis Gerardo Ángeles Herrera, y también contra el secretario de Servicios Parlamentarios, Eduardo Yáñez Moreno. Alegan una creciente parálisis legislativa y desconfianza institucional, tras una sesión solemne en la que se permitió una intervención imprevista del coordinador del PAN, alterando el protocolo acordado.
El coordinador de Morena, Edgar Inzunza, denunció que esa conducta no solo generó confusión, sino que vulneró la neutralidad del órgano legislativo. “No son personas de fiar políticamente”, advirtió Sinuhé Piedragil, y subrayó que esa pérdida de confianza impacta directamente en la relación con la ciudadanía. Según informes, Morena tiene en espera el 78 % de sus iniciativas, ahogadas en comisiones sin turno ni dictamen.
Lo más relevante de esta jugada no es solo la acusación, sino el reflejo de un Congreso que parece más dividido que dialógico. Cuando una cámara mira más hacia su grupo político que al interés colectivo, lo que se resquebraja es la institucionalidad. Este episodio es un llamado urgente: un poder legislativo requiere liderazgo imparcial, procesos claros, y no un tablero de pugnas partidistas.
La historia a escribir ahora es si esta moción será solo un acto simbólico de protesta, o un impulso real para restaurar la confianza ciudadana en el Legislativo. Porque sin esa legitimidad, los discursos se ahogan en la desidia colectiva.

