
Mientras el reloj político avanza rumbo a la elección de 2027, los dos partidos que dominaron durante décadas la vida pública de Querétaro y de México parecen coincidir en una estrategia: fortalecer sus estructuras internas. El PAN reunió este fin de semana al llamado Sistema PAN junto al gobernador Mauricio Kuri y sus principales liderazgos para reiterar que son “el mejor equipo para cuidar Querétaro”. El PRI, por su parte, recorrió la Sierra Gorda para tomar protesta a sus estructuras municipales y presumir que sigue siendo un partido de territorio.
Pero detrás de las fotografías, los discursos y las reuniones partidistas, hay una pregunta que ninguno parece responder: ¿dónde están los ciudadanos? Porque una cosa es fortalecer la militancia y otra muy distinta construir confianza con una sociedad que ha cambiado radicalmente. Los partidos siguen hablando de organización, cuadros y estructuras, mientras la ciudadanía habla de movilidad, vivienda, inseguridad, agua, empleos, salud mental y oportunidades para sus hijos.
El PAN enfrenta un desafío que no siempre reconoce en su discurso: el desgaste natural de haber gobernado Querétaro durante más de tres décadas. Gobernar tanto tiempo implica cargar con los aciertos, pero también con los pendientes acumulados. No basta con decir que se cuidará Querétaro; hoy la ciudadanía exige explicar cómo se resolverán problemas que crecieron precisamente durante esos años de administración panista. La continuidad ya no se vende sola.
El PRI tampoco logra desprenderse del peso de haber gobernado México durante 70 años. Paradójicamente, hay una conversación que muchos jóvenes desconocen y que cada vez aparece más en las mesas familiares: hubo una época en que un solo ingreso alcanzaba para comprar una casa, mantener a una familia numerosa y financiar estudios universitarios, aun cuando el padre no tuviera una profesión. Eso no significa idealizar aquel régimen ni ignorar sus enormes problemas de autoritarismo, corrupción y falta de competencia democrática. Significa reconocer que existían condiciones económicas que hoy millones de familias sienten lejanas.
El reto del PRI no es apelar a la nostalgia; es demostrar que aprendió de sus errores y que tiene respuestas para un país donde incluso profesionistas enfrentan dificultades para acceder a una vivienda o construir patrimonio.
La verdadera competencia rumbo al 2027 quizá no sea entre PAN, PRI o Morena. Será entre los partidos que sigan organizándose para convencer a los de siempre y aquellos que entiendan que la ciudadanía dejó de esperar discursos y empezó a exigir participación real. Porque si los fines de semana siguen siendo reuniones entre militantes, difícilmente cambiará el ánimo de quienes ya dejaron de sentirse representados.

