
Por Rosalba D’Elia | NVQ
Los días 22 al 24 de agosto, el Festival Querétaro Experimental vibrará de nuevo en nuestra ciudad, pero con una realidad económica que no podemos ignorar: la inversión es de apenas 2,999,603 pesos, casi un 85 % menos que los 12 millones de la edición anterior. Sí, se promueve eficiencia y apoyo al talento local, pero también hay algo que se queda fuera del escenario.
Este ajuste permitió destinar recursos a festivales itinerantes y pagar justamente a nuestros artistas, esos que cuentan con una historia viva en cada performance. Pero mientras celebramos que el 60 % de los 101 artistas en escena son locales, no olvidemos que el festival pasado atrajo a 450,000 personas y generó una derrama de 534 millones de pesos. ¿De verdad necesitamos reinventar el hilo negro cuando lo que ya funcionaba tenía impacto real en la economía, en la visibilidad de nuestras creadoras y creadores, en el orgullo cultural?
Querétaro Experimental era un puente entre el arte y el pulsar de la ciudad. Lo que no se dice es que el festival era también una herramienta poderosa para el comercio local, para fortalecer identidades, para recordarnos que la cultura es músculo social. Reducir su presupuesto, sin una narrativa clara sobre qué ganó la ciudadanía con ese recorte, nos deja con ganas de más claridad y responsabilidad.
Celebremos lo local, sí. Pero exijamos que la cultura siga siendo una apuesta fuerte y no un ajuste contable. Porque sin inversión, la creatividad también se resiente. Querétaro merece saber: ¿ganamos como ciudad o perdimos un poco de nuestro brillo?

