
Por Rosalba D’Elia | NVQ
El gobernador Mauricio Kuri decretó que en Querétaro no se permitirá música que glorifique la violencia ni que haga apología del crimen en espacios públicos, ferias, auditorios y estadios. Una medida que, de entrada, abre debate: ¿se trata de un acto de censura o de un esfuerzo real por blindar a las niñas, niños y jóvenes de mensajes que normalizan el delito?
No podemos ignorar que la música influye en la cultura, en el lenguaje de la calle, en cómo los adolescentes entienden el éxito y la vida. Cuando los escenarios se llenan de letras que exaltan la riqueza del crimen, el miedo y la muerte, la pregunta es inevitable: ¿qué futuro estamos sembrando?
Es cierto: la libertad de expresión es un derecho. Pero también lo es vivir en paz, con decencia y sin miedo. Y ahí es donde Querétaro decide trazar una línea. No contra un género musical, sino contra la perversión de cualquier ritmo que quiera venderle a los jóvenes una gloria que se construye desde la violencia.
El gobernador hizo además un llamado a los 18 municipios del estado para que apliquen medidas similares en sus reglamentos y eventos, de modo que la prohibición sea efectiva en todo el territorio. La decisión está tomada, pero la tarea de fondo sigue siendo nuestra: ¿qué mensajes queremos sembrar en el corazón de Querétaro?
Sin duda, lo que consumimos también educa. El reto no es solo prohibir, sino abrir más espacios para que el talento local, la música con raíces, la creatividad sana y libre florezcan en nuestras plazas y escenarios.

