
Querétaro se mete a una discusión que suele incomodar, pero que ya no puede aplazarse: el trato hacia los animales. En comisiones del Congreso local se presentó el proyecto para crear una nueva Ley de Bienestar Animal y reformar el Código Ambiental, con un cambio de fondo: reconocer legalmente a los animales como seres sintientes. No es menor. Este principio ya está respaldado en estándares internacionales y en reformas recientes en México, donde el maltrato animal comienza a dejar de ser un tema “menor” para convertirse en un asunto de política pública y derechos.
El proyecto no parte de cero. Se construyó con más de 13 mesas de trabajo, colectivos, veterinarios y académicos, y propone una reingeniería completa: padrón estatal de animales, centros de bienestar regulados, control poblacional con esterilización en lugar de sacrificio, sanciones más claras y un Consejo que vincule sociedad y gobierno.
Hoy, según datos nacionales, más del 70% de los perros en México están en situación de calle o abandono. La ley intenta atacar esa raíz: la irresponsabilidad humana.
Pero aquí está el punto incómodo: legislar es fácil, implementar no. Municipios con presupuestos limitados, falta de inspectores, ausencia de cultura cívica y prácticas arraigadas como la compra irresponsable o el abandono siguen siendo el verdadero reto.
Incluso en la discusión ya se puso sobre la mesa eliminar la eutanasia como método de control, lo que abre otro debate: ¿hay capacidad real para sostener alternativas?
La reflexión es directa: esta ley no será medida por lo que diga, sino por lo que cambie. Porque el bienestar animal no habla solo de mascotas; habla del tipo de sociedad que somos. Una que regula, cuida y previene… o una que reacciona tarde, cuando el problema ya desbordó.

