
Lo que comenzó como un espectáculo para celebrar los 300 años del Acueducto de Querétaro terminó detonando una discusión mucho más profunda sobre salud pública, medio ambiente, inclusión y congruencia gubernamental. La detonación de pirotecnia en Los Arcos provocó la reacción inmediata de colectivos animalistas, ambientalistas y ciudadanos que ahora impulsan la iniciativa “Querétaro sin pirotecnia, Ley Diana”, una propuesta que busca regular el uso de fuegos artificiales en el municipio de Querétaro mediante un mecanismo formal de participación ciudadana.
La molestia no fue únicamente por el ruido. Activistas aseguran que autoridades municipales les habían confirmado, incluso por escrito, que no se utilizaría pirotecnia durante el evento. El sentimiento de engaño terminó convirtiéndose en organización social. Ahora buscan reunir al menos mil 600 firmas para presentar una iniciativa ciudadana ante el Ayuntamiento. El movimiento lleva el nombre de Diana Yolanda Pérez Domínguez, fundadora de Tierra Paraíso, un albergue de rescate animal que desde hace años se han impulsado políticas públicas relacionadas con bienestar animal.
Pero el debate va mucho más allá de perros asustados. Los colectivos pusieron sobre la mesa un tema que durante años se minimizó: la afectación de la pirotecnia en personas neurodivergentes, especialmente dentro del espectro autista, además de la contaminación ambiental y auditiva. De acuerdo con los activistas, durante el espectáculo se registraron niveles de entre 170 y 180 decibeles, cuando la Organización Mundial de la Salud considera dañinos sonidos constantes por arriba de 85 decibeles. También alertaron sobre residuos metálicos suspendidos en el aire y posibles afectaciones a aves y fauna urbana.
La contradicción política tampoco pasó desapercibida. Apenas días antes, Los Arcos se habían iluminado en apoyo a la concientización sobre el autismo. Después vino un espectáculo de explosiones sonoras que, justamente, afectan a personas con hipersensibilidad auditiva. Ahí está la reflexión incómoda: en Querétaro muchas veces el discurso institucional sobre inclusión avanza más rápido que las decisiones reales. Y cuando la ciudadanía detecta esa incongruencia, deja de aplaudir y empieza a organizarse. Lo que está naciendo con esta iniciativa no es solo una discusión sobre cohetes; es una conversación sobre qué tipo de ciudad quiere construir Querétaro y quién está dispuesto a escucharla.

