Qué bueno que no están distraídos…
Qué bueno que no están distraídos…
«Una buena infraestructura no se mide el día que se inaugura; se mide cuando resiste la vida cotidiana.»
La idea ha sido desarrollada por el arquitecto y urbanista danés Jan Gehl, reconocido mundialmente por defender ciudades diseñadas para las personas y no únicamente para las obras. Su planteamiento parece escrito para el Querétaro de hoy.
Porque, sinceramente, qué bueno que nuestros gobernantes insisten en que no están distraídos con el proceso electoral de 2027.
Qué bueno.
Porque si uno revisa solamente lo ocurrido en los últimos días, la agenda pública está completamente llena.
Comencemos por la obra más importante que tendrá el estado en décadas: el Tren México–Querétaro.
Nadie puede negar su relevancia estratégica. Después de años de anuncios fallidos, el proyecto finalmente comenzó a tomar forma y representa una oportunidad extraordinaria para transformar la movilidad regional, fortalecer la economía y conectar a Querétaro con uno de los corredores industriales más importantes del país.
Pero una obra de esa dimensión también exige un nivel extraordinario de planeación.
A partir del 13 de julio iniciará una de las etapas más complejas de los trabajos sobre Bernardo Quintana. Durante siete semanas habrá cierres permanentes, desvíos y modificaciones importantes a la circulación en una de las arterias más transitadas de la ciudad.
Eso, por sí mismo, no debería sorprender a nadie.
Toda gran infraestructura implica molestias temporales.
Lo que sí debería preocuparnos es que, antes incluso de entrar a la etapa crítica, vecinos de las zonas intervenidas ya comenzaron a denunciar inundaciones que atribuyen a las primeras obras.
No corresponde afirmar que exista una relación causal definitiva sin los dictámenes técnicos correspondientes. Pero sí corresponde exigir que esas preocupaciones sean atendidas con rapidez, transparencia y evidencia.
Porque construir infraestructura no consiste únicamente en mover maquinaria.
Consiste en anticipar consecuencias.
Y justamente ahí aparece el segundo gran desafío de Querétaro: la planeación urbana.
La suspensión de la subasta de diversos predios en el municipio de Querétaro dejó ver algo que durante años preferimos ignorar.
El crecimiento de la ciudad llegó a un punto donde las grandes decisiones de infraestructura ya condicionan el desarrollo inmobiliario.
Durante décadas celebramos cada nuevo fraccionamiento como una señal inequívoca de progreso.
Hoy comenzamos a descubrir que crecer también implica responsabilidades.
Cada nuevo desarrollo demanda agua.
Demanda energía.
Demanda vialidades.
Demanda transporte público.
Demanda drenaje pluvial.
Demanda escuelas, hospitales y servicios.
Y cuando alguno de esos elementos no crece al mismo ritmo que la ciudad, aparecen los problemas que hoy todos conocemos.
Las lluvias lo demostraron nuevamente.
Bastaron unas cuantas horas para que varias vialidades quedaran anegadas, automovilistas resultaran afectados y vecinos denunciaran afectaciones que ya comienzan a repetirse cada temporada.
Cada año escuchamos prácticamente la misma explicación.
«Lluvias atípicas.»
«Precipitaciones extraordinarias.»
«Fenómenos fuera de lo normal.»
Pero cuando lo extraordinario ocurre cada temporada, quizá dejó de ser extraordinario.
Quizá el problema ya no está únicamente en el clima.
Quizá debemos comenzar a discutir con mayor seriedad cómo estamos urbanizando Querétaro.
Y como si todo eso fuera poco, siguen los apagones.
Colonias completas reportando interrupciones del suministro eléctrico.
Empresas afectadas.
Pequeños comercios perdiendo mercancía.
Familias modificando su rutina porque simplemente no hay energía.
En este tema la responsabilidad constitucional corresponde principalmente a la Comisión Federal de Electricidad, empresa de…