
Durante años los apagones fueron vistos como una molestia pasajera. Hoy el propio Gobierno de Querétaro reconoce que el problema escaló a otro nivel: afecta la producción industrial, pone en riesgo empleos, provoca pérdidas económicas, daña alimentos y medicamentos, deja sin agua a comunidades enteras y comienza a traducirse en manifestaciones ciudadanas.
La cifra que presentó la Secretaría de Desarrollo Sustentable no es menor. Son 165 eventos de variaciones de voltaje e interrupciones eléctricas reportadas por cámaras empresariales, clústeres y asociaciones industriales. En un estado cuya economía depende de la manufactura avanzada, la industria automotriz, aeroespacial, logística y ahora los centros de datos, un segundo sin electricidad puede detener líneas completas de producción, echar a perder materiales, dañar maquinaria y provocar incumplimientos contractuales internacionales.
Pero quizá el dato más delicado vino desde el secretario de Gobierno, Eric Gudiño: en lo que va de 2026 ya se contabilizan seis manifestaciones, ocho bloqueos carreteros relacionados con fallas eléctricas, además de 18 amenazas de bloqueo y cuatro movilizaciones que únicamente fueron evitadas mediante la intervención del Gobierno estatal y municipal. Es decir, el problema ya dejó de ser técnico para convertirse también en un asunto social.
Las afectaciones tampoco distinguen entre industrias y familias. Una variación de voltaje puede echar a perder el refrigerador de una tienda de abarrotes, arruinar medicamentos que requieren refrigeración, dejar sin agua una comunidad porque dejaron de funcionar los sistemas de bombeo o provocar pérdidas económicas que ningún trámite burocrático de indemnización logra resolver oportunamente.
El Gobierno estatal insistió en un punto que busca desmontar uno de los principales señalamientos ciudadanos: la llegada de nuevas industrias y data centers no está consumiendo la energía destinada a las viviendas. Explicó que ambos operan en redes y niveles de tensión distintos, por lo que el problema no sería la generación de electricidad, sino una red de distribución que requiere mantenimiento, modernización e inversión.
La discusión ahora cambia de fondo. Ya no basta con presumir crecimiento económico, atraer inversiones o anunciar nuevos parques industriales. La competitividad de Querétaro también dependerá de que exista una infraestructura eléctrica capaz de sostener ese crecimiento. Porque ninguna economía puede aspirar al futuro si la energía que mueve fábricas, hospitales, comercios y hogares sigue fallando.
Los apagones ya no son solamente un problema de la CFE. Son un desafío para la calidad de vida, para la inversión, para la confianza ciudadana y para la estabilidad social. La pregunta ahora no es si habrá otro apagón. La pregunta es cuánto más puede crecer Querétaro con una red eléctrica que ya comenzó a mostrar señales de saturación.

