
El Congreso de Querétaro tomó una decisión inédita: elegir dos Mesas Directivas de manera anticipada para cubrir todo el periodo legislativo hasta 2027. No es un dato menor. Es una jugada política que busca garantizar control y continuidad en medio de un escenario que ya muestra fisuras internas. Con 20 votos contra 5, la mayoría impuso la propuesta encabezada primero por Sinuhé Piedragil de Morena y, posteriormente, por Adriana Meza del PRI. La lectura es clara: la operación política está aceitada… pero no necesariamente unificada.
El dato incómodo ocurrió antes de la votación. Diputados de oposición y de la propia 4T intentaron modificar el acta de la sesión anterior por inconsistencias en las reservas de una reforma clave. La respuesta fue técnica, pero contundente: el Pleno no decide sobre actas. El mensaje político fue otro: el control del proceso legislativo no está en discusión. Cuando el procedimiento se cierra, el fondo queda atrapado.
La fractura se hizo visible cuando la diputada Claudia Díaz Gayou presentó una propuesta alterna de Mesa Directiva sin consenso interno, respaldando a Erik Silva. El resultado —5 votos frente a 20— no solo evidenció minoría, sino ruptura dentro del bloque que debería operar como contrapeso. La pluralidad política que se invoca en el discurso, en la práctica mostró alineamientos rígidos y decisiones previamente acordadas.
Elegir dos mesas no es previsión institucional, es lectura de riesgo. Anticipar el relevo es una forma de evitar sorpresas en un Congreso donde las tensiones internas ya no se disimulan. La pregunta no es quién preside hoy, sino qué tan fragmentado llegará este Poder Legislativo a las decisiones que realmente importan. Porque cuando la política se organiza para evitar rupturas… es porque ya empezaron.

