
El diputado federal Roberto Sosa puso sobre la mesa lo que pocas veces se explica con claridad: el camino real de una iniciativa de ley en el Congreso de la Unión. De lo administrativo a lo político, detalló cómo una propuesta debe pasar filtros técnicos, comisiones y negociaciones, antes de siquiera soñar con llegar al pleno. Un proceso que, en el papel, busca equilibrio… pero en la práctica depende de correlaciones de poder.
Y ahí está el punto incómodo. Sosa reconoció que en la actual legislatura, con una mayoría “aplastante” de la llamada 4T, avanzar en propuestas de oposición se vuelve cuesta arriba. No es solo debate: es control de agenda, tiempos y decisiones. La política, otra vez, por encima del procedimiento.
Sobre la reforma electoral, fue directo: “nació viciada”. Señaló que desde su origen carecía de consensos reales y respondió más a intereses de grupo que a una construcción plural. En un Congreso donde la aritmética pesa más que el argumento, la pregunta queda en el aire: ¿se legisla para el país… o para consolidar poder?

