
El 17 de mayo no es una fecha decorativa para tomarse la foto con luces de colores. Es el Día Internacional contra la Homofobia, la Lesbofobia, la Transfobia y la Bifobia; una fecha que existe porque millones de personas todavía viven discriminación, violencia institucional y exclusión simplemente por existir. Y en Querétaro, el Frente Queretano por el Derecho a la No Discriminación y el Estado Laico decidió recordarlo con un mensaje claro: los derechos humanos no pueden seguir dependiendo de cálculos políticos.
En rueda de prensa, colectivos y liderazgos de diversidad sexual exigieron al gobernador Mauricio Kuri publicar la reforma de identidad de género aprobada el pasado 30 de abril por la Legislatura local. La iniciativa busca permitir que personas trans y no binarias mayores de edad puedan modificar sus documentos oficiales sin tener que irse a otros estados. Porque sí: durante más de una década, personas queretanas tuvieron que viajar a Ciudad de México para realizar un trámite que en el 78% del país ya existe de manera administrativa. No están pidiendo privilegios. Están pidiendo certeza jurídica, dignidad y el derecho a no vivir atrapados entre documentos que niegan quiénes son.
Pero además, el Frente puso otro tema sobre la mesa que casi nadie quiere discutir: la representación política real. Mientras el Congreso analiza la reforma electoral, denunciaron que las acciones afirmativas siguen planteándose como una simulación limitada a ayuntamientos, sin garantizar espacios en diputaciones locales para grupos históricamente discriminados. Traducido al lenguaje ciudadano: quieren que las poblaciones LGBT+, personas con discapacidad, comunidades indígenas y otros grupos de atención prioritaria tengan voz en donde realmente se toman decisiones y se aprueban presupuestos. Porque la inclusión no puede seguir siendo un discurso bonito en campañas y un asiento vacío cuando toca legislar.
Y sí, reconocieron al alcalde Felifer Macías por iluminar nuevamente el Acueducto con los colores de la bandera LGBT+. El gesto importa. Los símbolos importan. Pero también hay que decirlo: un monumento iluminado no sustituye políticas públicas, acceso a derechos ni seguridad para quienes todavía enfrentan rechazo familiar, discriminación laboral o violencia cotidiana. Ningún estado puede llamarse moderno mientras haya personas que todavía tengan miedo de mostrarse tal como son para poder vivir en paz. Y esa conversación ya alcanzó a Querétaro.

