En un país donde la participación ciudadana suele activarse tarde —y a veces mal—, en Queretaro se decidió apostar por lo contrario: formar ciudadanía desde la niñez. La Estrategia de Formación para la Participación Ciudadana de niñas, niños, adolescentes y jóvenes no es solo un programa educativo, es una declaración política de fondo: si quieres mejores ciudadanos, empieza antes de que voten.

El proyecto, impulsado por la Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana que encabeza Beatriz Marmolejo, no se queda en el discurso. Incluye la capacitación de más de tres mil docentes, un manual de formación cívica, materiales didácticos y contenidos audiovisuales, en colaboración con USEBEQ y la organización internacional Observa Ciudadanía. No es menor: México arrastra rezagos importantes en cultura cívica, confianza institucional y participación comunitaria, según diversos estudios nacionales.

Aquí hay un cambio de lógica. No se trata solo de enseñar derechos, sino de entrenar habilidades: diálogo, toma de decisiones colectivas, pensamiento crítico y corresponsabilidad social. Es decir, formar ciudadanos que no solo reclamen, sino que entiendan cómo incidir. En un contexto donde la polarización crece y la participación muchas veces se reduce a redes sociales, este tipo de políticas buscan reconstruir desde abajo lo que arriba se desgasta.

Pero hay una pregunta incómoda que no se puede ignorar: ¿puede una estrategia educativa sostenerse en el tiempo sin convertirse en un esfuerzo aislado? Porque formar ciudadanía no es un evento, es un proceso continuo que requiere coherencia entre lo que se enseña en el aula y lo que se ve en la calle. De poco sirve hablar de participación si las instituciones no responden.

La reflexión es clara: apostar por la niñez y la juventud no es políticamente rentable en el corto plazo, pero sí es profundamente estratégico. Si se hace bien, no solo se forman estudiantes, se forman ciudadanos capaces de exigir, dialogar y transformar. Y eso, en cualquier democracia, es el verdadero punto de quiebre.