
Por Rosalba D’Elia | NVQ
La reciente reunión encabezada por Eric Gudiño Torres con los secretarios de Gobierno de los 18 municipios dejó un mensaje claro: la gobernabilidad en Querétaro no se sostiene sola, y mucho menos desde la comodidad del escritorio público. En un estado donde el crecimiento supera la media nacional y la presión social aumenta, la coordinación ya no es opcional: es el piso mínimo para evitar fracturas institucionales.
El encuentro abordó temas que suelen verse como administrativos, pero que impactan directamente en la vida de las familias: la regularización de establecimientos con venta de alcohol, la contención de la pirotecnia —que cada diciembre deja incidentes, emergencias y mascotas afectadas— y las medidas preventivas frente a la temporada invernal y de incendios. Aunque parezcan detalles, son los puntos donde se sostiene o se cae la confianza pública en cualquier municipio.
Hubo un momento que marcó la conversación: cuando se afirmó que en Querétaro esto “no se trata de colores”. Y sí, ese discurso se ha usado tantas veces que suele sonar vacío, pero hoy obliga a una reflexión incómoda. Si los municipios no sincronizan criterios, será la ciudadanía —no las administraciones— quien pague las consecuencias: más riesgos, más omisiones, más improvisación.
La gobernabilidad no se presume, se practica. Y la práctica demanda responsabilidad, comunicación y decisiones conjuntas. Hoy, más que un mensaje político, el llamado es técnico y social: trabajar en equipo no para quedar bien, sino para que a Querétaro no le vaya mal. El reto está ahí. La acción también debe estarlo.

