
Mientras el PAN en Querétaro presume crecimiento económico, empleo e inversión extranjera, una resolución reciente del INE colocó al partido en una posición incómoda: la autoridad electoral ordenó retirar 42 publicaciones en las que dirigentes y cuentas panistas vinculaban a Morena con el narcotráfico, al considerar que podrían constituir actos de calumnia por carecer de sustento fáctico suficiente.
Martín Arango sostiene que Querétaro es ejemplo nacional por la generación de más de 11 mil empleos en los primeros meses de 2026, una baja informalidad laboral y una destacada captación de inversión extranjera. El mensaje es claro: el PAN quiere que la elección de 2027 se discuta desde los indicadores económicos y la estabilidad que presume haber construido durante tres décadas de gobierno estatal.
Sin embargo, la política rara vez se queda en las cifras. Mientras Acción Nacional habla de crecimiento y competitividad, buena parte de su narrativa nacional se ha centrado en vincular a Morena con el crimen organizado. El problema es que el INE determinó que varias de esas publicaciones cruzaron la línea entre la crítica política y la imputación de delitos sin pruebas suficientes.
La reflexión de fondo va más allá de quién tenga razón. Si el PAN presume resultados, tendría que ganar el debate con datos. Si Morena asegura representar la transformación, tendría que responder con resultados. El reto para los ciudadanos es no quedarse atrapados entre campañas de propaganda, sino exigir evidencia. Porque una democracia madura no se construye con etiquetas de “narcopartido” ni con discursos triunfalistas; se construye con información verificable, rendición de cuentas y gobiernos capaces de sostener sus dichos con hechos. Mientras tanto, el reloj rumbo a 2027 ya comenzó a correr y los partidos parecen más enfocados en la narrativa que en la autocrítica.

