
El alcalde de Querétaro, Felifer Macías, ha insistido en que no está distraído en temas electorales. Que su enfoque es gobernar.
Pero la realidad —y las encuestas— cuentan otra historia.
La medición más reciente de Rubrum pregunta sin rodeos:
¿reelegirías a Felifer como alcalde?
Resultado:
45.1% sí
36.7% no
18.2% aún no decide
A ver. Sí, va arriba. Pero no arrasa. Y sobre todo: no cierra la conversación.
Porque ese 18.2% de indecisos no es un dato técnico. Es un síntoma político.
Es la franja que no termina de comprar el discurso.
La que percibe la simulación.
La que sabe —como todos— que esto no se trata solo de reelegirse.
Porque en Querétaro nadie es ingenuo.
La reelección sería el paso natural. Pero el objetivo real es otro: la gubernatura.
Y ahí es donde el discurso de “no estoy distraído” empieza a hacer ruido.
Traducción clara:
Felifer gobierna… pero también está intentando posicionarse.
Y eso no está mal. Es política. Lo que sí genera costo es intentar negar lo evidente.
Porque hoy el electorado es más sofisticado y exigente: detecta cuando un alcalde ya está jugando en otra liga.
En clave local:
El PAN sigue fuerte en la capital, sí.
Pero ya no tiene margen para la simulación.
Porque mientras el alcalde mide su futuro, el ciudadano mide su presente.
Rumbo al 2027:
Si esta tendencia se mantiene, Felifer llegaría competitivo. Pero con un dato incómodo: no tiene mayoría consolidada… ni narrativa completamente creíble.
Y en política, eso pesa.
Porque no se trata solo de ganar la encuesta.
Se trata de que te crean.
Y hoy, entre el discurso y los números… hay una distancia que no pasa desapercibida.

