
La movilidad en Querétaro da un giro interesante: 350 mascotas ya cuentan con tarjeta para viajar en el sistema Qrobus. La primera jornada masiva de afiliación al programa PetFriendly, encabezada por Gerardo Cuanalo Santos, no solo registró a estos animales de compañía, también atendió a 536 con servicios como vacunación, esterilización y colocación de chips de identificación. El mensaje es claro: la política pública también empieza a mirar a quienes no tienen voz, pero sí derechos desde la lógica del bienestar animal.
No es menor. En ciudades donde el transporte público apenas logra responder a la demanda humana, incluir mascotas abre una conversación distinta: convivencia, regulación y cultura cívica. El modelo establece reglas —transportadora obligatoria, responsabilidad del dueño—, pero el verdadero reto no es técnico, es social. ¿Estamos listos para compartir el espacio público con orden y respeto?
El programa también revela algo más profundo: la movilidad ya no se trata solo de trasladarse, sino de cómo convivimos en ese trayecto. La afiliación digital, los módulos territoriales y la respuesta ciudadana evidencian que hay interés, pero también una exigencia implícita: servicios públicos que evolucionen al ritmo de la realidad urbana.
La reflexión es inevitable: incluir mascotas en el transporte es un paso hacia una ciudad más empática, pero también más compleja. Porque la inclusión no se decreta, se construye. Y ahí, la corresponsabilidad ciudadana será la verdadera prueba de este modelo.

