
Las más recientes mediciones de Consulta Mitofsky publicadas por El Economista muestran al gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, entre los mandatarios estatales mejor evaluados del país durante marzo y abril de 2026.
En marzo, Kuri apareció en el primer lugar nacional con 60.7% de aprobación ciudadana. Para abril descendió al tercer sitio con 60.8%, apenas detrás de Ricardo Gallardo y Mara Lezama.
La variación es mínima. El mensaje político no.
Porque el dato importante no es sólo que Mauricio Kuri siga arriba. El verdadero dato es que Querétaro empieza a entrar a una etapa distinta: la del desgaste natural del poder.
Durante buena parte de su administración, el gobernador logró mantener una narrativa de estabilidad, control político y gobernabilidad en un país marcado por polarización y violencia. Eso le dio margen nacional y una percepción positiva incluso fuera del estado.
Pero el contexto local ya cambió.
La discusión pública en Querétaro comenzó a endurecerse:
crisis de movilidad,
crecimiento urbano desordenado,
percepción de inseguridad en algunas zonas,
conflictos ambientales,
presión hídrica,
y una sucesión adelantada dentro del PAN.
Aun así, Kuri conserva algo que hoy pocos gobernadores tienen: una imagen relativamente estable y menos polarizante que la media nacional.
Y eso explica por qué sigue apareciendo en los primeros lugares.
También hay otra lectura política relevante: mientras Morena concentra el poder federal, Querétaro sigue funcionando como uno de los principales bastiones panistas del país. Mantener altos niveles de aprobación no sólo fortalece al gobernador; también protege la narrativa de continuidad rumbo a 2027.
Sin embargo, las encuestas de aprobación tienen límites.
No necesariamente miden entusiasmo ciudadano, ni intención de voto, ni profundidad de respaldo político. Muchas veces reflejan algo más simple: ausencia de crisis terminal.
En política moderna, sobrevivir sin incendiar el estado ya genera buena calificación.
Y quizá ahí está la principal fortaleza de Mauricio Kuri: proyectar estabilidad en medio de un país cada vez más crispado.

