Durante años, el discurso del desarrollo en Querétaro giró alrededor de la inversión, la llegada de empresas y la generación de empleos. Hoy el gobierno estatal parece reconocer una realidad que ya alcanzó a la entidad: sin agua, sin bosques y sin equilibrio ambiental, no hay crecimiento que aguante.

En la primera sesión ordinaria 2026 de la Comisión Estatal de Cambio Climático, el gobernador Mauricio Kuri defendió un modelo que busca hacer compatible el desarrollo económico con la sustentabilidad. El mensaje llega en un momento clave, cuando la presión sobre los acuíferos, el crecimiento urbano acelerado y los efectos del cambio climático comienzan a convertirse en factores de riesgo para la competitividad del estado.

Los datos son contundentes. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Sustentable, en los últimos 20 años la zona metropolitana perdió más de nueve mil hectáreas de vegetación. El resultado es menos infiltración de agua, más calor, mayor presión sobre los mantos acuíferos y una reducción de la biodiversidad. La advertencia también es seria: existe una ventana de entre cinco y diez años para evitar daños irreversibles en los acuíferos queretanos.

La apuesta ahora es que las empresas que generan impactos ambientales compensen su huella mediante proyectos de reforestación, infiltración de agua y conservación de ecosistemas. Entre 2023 y 2026 ya se han gestionado más de dos millones de toneladas de CO₂ y compensado más de un millón. La pregunta de fondo es si estas medidas llegarán a tiempo. Porque el verdadero desafío ya no es atraer inversiones; es garantizar que el desarrollo de hoy no comprometa el futuro de quienes vivirán en Querétaro dentro de 20 años.