En Querétaro, viajar se volvió política pública, pero sin evaluación pública. La videocolumna del diputado Ulises Gómez de la Rosa pone números sobre la mesa: Francisco Garrido salió 17 veces al extranjero con un gasto superior a 10 millones de pesos; Francisco Domínguez realizó nueve viajes; y Mauricio Kuri suma 15 en poco más de cuatro años, con un costo estimado superior a 5 millones. La constante no es el destino, es la falta de medición real de resultados.

El discurso oficial presume inversiones y empleos tras cada gira, pero los datos no cuadran del todo. En 2016, tras múltiples viajes internacionales, se anunciaron más de seis mil empleos, mientras el IMSS registró cerca de 19 mil altas en el año; el propio análisis apunta que solo una fracción —alrededor del 32 por ciento— podría vincularse con esas giras. En la actual administración, entre 2022 y 2025, los empleos anunciados tras visitas a Europa y Estados Unidos muestran impactos aún menores en registros formales, con porcentajes que van del 4 al 11 por ciento.

El contraste es incómodo: anuncios espectaculares frente a resultados marginales. Casos como el de Amazon, con promesas de miles de empleos y cifras reales mucho más bajas, alimentan la duda. La polémica revive con nuevos viajes, como el de funcionarios estatales a Alemania, mientras la ciudadanía sigue sin respuestas claras sobre el costo-beneficio. La pregunta queda abierta y sin maquillaje: ¿viajar para gestionar o viajar para simular?